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jueves, 10 de agosto de 2017

¿dejarías que un cuerudo te lleve agua a la casa?

No es tan diferente hoy como lo fue en tiempos del virreinato.


Para abastecer de agua dulce a la noble e imperial ciudad de México, hubo la necesidad de construir varios acueductos durante el virreinato. Los manantiales de Santa Fe y Chapultepec eran los principales abastecedores y se construyeron largas arquerías para transportar el precioso líquido a la capital del virreinato siendo algunos de los más emblemáticos los de Belén, el de Santa Fe y el de Guadalupe.

El día de hoy les quiero hablar de aquel que corrió por la avenida Chapultepec y cuya fuente, hoy arruinada por los años de sol y lluvia descansa en el Museo Nacional del Virreinato en Tepotzotlán.

Su hermosísima fuente la conocemos como el  Salto del Agua y fue realizada por el arquitecto Ignacio Castera en 1779, esta  fuente es un conjunto realizado en cantera conformado por un volumen rectangular cuya fachada oriental se encuentra engalanada por un retablo escultórico  desde el cual brota el agua para luego depositarse en una tina frontal. Es esta fachada el elemento más destacado del conjunto. Dicha fachada, de exuberante carácter barroco se encuentra enmarcada por dos pilares con almohadillado en sus extremos y dos serpenteantes columnas salomónicas que a su vez enmarcan un conjunto escultórico central. Este monumento podría considerarse un intento del artífice de una crear una expresión monumental de que reflejase la identidad mestiza novohispana.



En la fuente son notables las referencias a símbolos de la cultura del país: al centro de la composición un águila envuelve el escudo de armas de la Ciudad de México bordeado con pencas de nopal y que aparece engalanado con una corona; en la parte de arriba, una mujer europea y una mujer indígena toman alegremente agua de un chorro petrificado que brota de una copa que sirve de remate superior al monumento. 

Uno de los personajes que más visitaba este hermoso monumento era el aguador, un personaje indispensable en la vida cotidiana de la ciudad de México pues debido a que muy pocas casas contaban con agua entubada, alguien debía salir a las fuentes a recolectar este líquido para trasladarlo a la casa para cocinar, lavar, limpiarse, o lo que fuera; por lo que, aprovechando este nicho laboral, durante el virreinato surgió esta manera de ganarse la vida.



Así surgió el Aguador o Cuerudo, como también se le conocía debido al mandil de cuero que usaban para no estar empapados todo el tiempo. Este hombre trasladaba el agua en grandísimas ollas de barro llamadas Chococol que se colgaban a manera de tamemes por la espalda y otras más pequeñas por enfrente para equilibrar el peso, partía de la fuente cargado de agua para distribuírla de casa en casa... es como el del camión de Bonafont hoy en día, pero sin camión ni triciclo; a puro pie. Se le tenía en gran a estima a este hombre pues, como nos se puede leer en el libro "los Mexicanos pintados por sí mismos" se habla muy bien de este personaje, se dice que "es comedido, entregado al trabajo, casi siempre buen padre y no tan peor esposo"



Tras décadas de prestar servicio a los habitantes de la ciudad, la llegada del sistema de tuberías de agua potable puso fin a su papel como amigo de las cocineras y enamorado de las criadas pues la fuente dejó de ser el punto de encuentro obligado de la población.

La fuente así dejó de ser el sitio de referencia que alguna vez fue y quedó aislada como decoración callejera en un camellón. 

Seriamente deteriorada para la década de 1960, la fuente original fue reubicada en el Museo Nacional del Virreinato en Tepotzotlán, sustituyéndose por una copia en el lugar original. La presencia de este monumento dio nombre a la estación del metro Salto del Agua.

Los aguadores del siglo XIX rodeados del entorno acual de esta preciosa fuente.

lunes, 24 de julio de 2017

Los órganos de la Catedral

El órgano del Evangelio visto desde el interior del Coro.

La catedral metropolitana de la ciudad de México, fue dedicada en 1667; sin embargo, debido a falta de dinero, inundaciones, hundimientos diferenciales y demás retrasos, la fábrica de este templo se extendió a lo largo de los siguientes siglos, lo que ocasionó que acumulara una enorme cantidad de obras de arte en los casi 300 años que demoró su construcción.

El primer órgano que llegó a México fue traído de Sevilla apenas una década después de haber sido rendida la capital del Imperio Mexica, en 1530. Éste instrumento fue importado con el propósito de acompañar una capilla que Fray Pedro de Gante tenía bajo tutela en una escuela de Texcoco, de la cual hacemos mención en  este artículo: El abecedario de la Catedral de Texcoco

La catedral ya contaba con dos órganos hacia 1613, sin embargo, debido a la proyección decorativa del magno recinto se consideró que estos instrumentos ya no estarían a tono con la grandeza del templo por lo que en 1688 el Deán registra una petición a la Corona para la adquisición de un nuevo instrumento.


Detalle del órgano de la Epístola, tal y como se le ve desde el interior del coro.

Es así que, una vez recibida la petición formal del Cabildo catedralicio, se ordena la creación del órgano de la Epístola al maestro organero natural de Aragón: Jorge Marco de Sesma en Madrid. Sesma provenía de una afamada familia de organeros de la Zaragoza del siglo XVII. El órgano, después de una travesía por mar llegó a la catedral de México el 14 de febrero de 1693 cuando Sesma había fallecido ya hacía tiempo.

Cabe señalar que pese a que el cabildo dio por recibido el órgano en ese mismo año, el proyecto de instalación estuvo rodeado de desacuerdos y dificultades durante mucho tiempo y no se conciliaba su instalación.

No fue sino hasta 1734, cuando estas dificultades vieron su fin, pues el cabildo decidió hacer una ampliación del órgano y encomendaron esta tarea a José Nassarre, quien recibió la encomienda para hacer ciertos arreglos y modificaciones al órgano de la catedral. 

Las intervenciones al órgano fueron terminadas ese mismo año, motivando el entusiasmo del Arzobispo, Juan Antonio de Vizarrón y Eguiarreta. Nassarre,quien, aprovechando el éxito de las mejorías al instrumento, presentó planes y especificaciones para la construcción de un segundo instrumento, en lo que el arzobispo y el cabildo estuvieron de acuerdo

Los días 11 y 12 de Octubre de 1736 se verificó la formal entrega de los  instrumentos. Aquí tienes una muestra de cómo suena el órgano de Sesma y vistas más vívidas de estos magníficos órganos.


Los instrumentos ya completados cubrieron todas las expectativas, tanto del Cabildo, como de la corte virreinal. Los órganos completaron la armonía arquitectónica interior del recinto con los dos instrumentos más emblemáticos del arte musical iberoamericano.

Por este y muchos otros motivos, es imprescindible conocer, respetar y proteger el patrimonio histórico que aún sobrevive en nuestro país.
Aparte del incendio de 1967, ni los años ni el polvo ni las termitas perjudicaron a estos insignes instrumentos tanto como la contaminación atmosférica del valle de México, en particular la de la década de los 80's, afortunadamente esta joya musical novohispana fue sometida de 2006 a 2014 a un minucioso proceso de restauración

sábado, 22 de julio de 2017



La cantidad de esqueletos de niños encontrados en el interior de esta capilla sorprendió a los arqueólogos por el reducido espacio en el que se encontraron y tan apilados, aún cuando la costumbre de sepultar a los infantes muertos en el interior de los templos era una práctica muy común en la época en la que esta capilla permaneció en uso.

La primera edificación virreinal en este emplazamiento se edificó hacia 1525 sobre un emplazamiento prehispánico probablemente tolteca (600-650 aC), se sabe con seguridad que no fue sobre una construcción mexica debido a la completa ausencia de elementos asociados a esta cultura en la totalidad del emplazamiento, en todo caso, se conoce con seguridad que el núcleo poblacional mexica de Coyoacán se ubicaba en torno al templo de San Juan Bautista.

Fue hacia la primera mitad del siglo XVIII cuando se renueva la capilla primitiva construída en tiempos de la conquista y que es la que felizmente aún podemos admirar y visitar en nuestra visita al hermoso barrio de Coyoacán.




las ajaracas decoran toda la extensión de la fachada
Su fachada es una verdadera golosina para los sentidos, una de las más bonitas de la Ciudad de México; puesto que amalgama estilos diferentes en una estética puramente novohispana - mexicana. flanqueada por sendos campanarios, el cuerpo principal de la fachada está decorado con ajaracas mudéjares que me recuerdan a las que ví en Malinalco y la Magdalena Atlitic.

La puerta cuenta con un hermoso arco mixtilíneo y está flanqueada por dos columnas
estípite adosadas que sostienen una cornisa primorosamente labrada que sostiene una hornacina hoy en día vacía pero dan una imagen de decoro que pocas veces he visto en capillas de sus dimensiones.

El interior se encuentra prácticamente desnudo de las decoraciones que evidentemente ostentaba en sus primeros años de uso. Al fondo de la nave, en el altar se encuentra un retablo de madera dorada que no es el original, se sabe que en la primera mitad del siglo XX fue traído éste probablemente del ex-colegio jesuíta de San Francisco Javier de Tepotzotlán.

En la extensión de la nave del templo fueron encontrados osamentas pertenecientes a al menos 167 individuos que componían parte de la población del barrio de la Conchita durante el período en el que el templo admitió sepulcros en el  interior; es decir hasta las Leyes de Reforma de 1859-60.



campanario
Los individuos portaban aún elementos característicos de los entierros virreinales católicos que, aunque ya muy deteriorados permitieron admirar el primor con el que fueron confeccionados sus adornos que consistían en coronas con flores de metal, medallas religiosas, relicarios, rosarios y en algunos casos partes de la indumentaria pudieron ser recuperados como por ejemplo el huarache de un niño.

Se acostumbraba que los niños fueran vestidos de San José o de miembros de órdenes religiosas y las niñas de la Vírgen María.



A pesar de su importancia no sólo religiosa pues supone una de las primeras construcciones religiosas en la Nueva España; sino también de su importancia arquitectónica, la capilla de la Conchita se encontraba en un deplorable estado que amenazaba con su derrumbe hacia finales de 2011.


Hoy en día, gracias a un rescate que comenzó en 2012 podemos continuar admirado esta joya de la arquitectura novohispana y conocemos aún más sobre su historia.
vista frontal del hermoso templo




miércoles, 19 de abril de 2017

Disfrutar de un paseo en Iztacalco


El virrey que apasiblemente pasea en una trajinera por el canal de la Viga llegó a Nueva España en una flota enviada por el mismísimo rey Luis XIV, abuelo del entonces rey de España Felipe V.

Su labor sería la de recaudar fondos para las arcas reales, pues la Guerra de Sucesión Española no hizo sino acabar con los dineros del Erario Real. 



Luego de haber realizado una profunda recaudación confiscando bienes de ingleses, holandeses y judaizantes se envió el tesoro a España en barcos escoltados por nada menos que la mismísima Real Armada Francesa pues el Rey Sol deseaba proteger los intereses de su nieto.

Al llegar al país se dió cuenta del avanzado estado en el que el bandolerismo plagaba Nueva España: los caminos estaban en poder de ladrones y asesinos, y no se podía circular por ellos salvo con fuertes escoltas, esto impedía el tráfico de mercancías y dificultaba la vida comercial.

Por lo que tomó enérgicas medidas con castigos que se imponían en el momento, y siendo considerados reos de muerte, se les ajusticiaba donde eran encontrados, por lo que cientos de ellos aparecieron colgados en las orillas de los caminos.

Fortaleció aún más estas medidas creando el Tribunal de la Acordada, institución similar a la santa hermandad que dispuso de varios miles de hombres que podían actuar en todas partes, acabando con la plaga de delincuencia que había encontrado a su llegada.


Fue uno de los virreyes que más sirvieron a los intereses del rey pero en haciéndolo hizo mejorías muy útiles al virreinato de manera que su gobierno se recordó como uno de los mejores.

Tras finalizar su mandato, en 1710, se convirtió en el primer virrey al que el monarca concedió el collar de la Orden del Toisón de Oro por sus servicios en Nueva España.




Paseo del virrey don Francisco Fernández de la Cueva y de la Cueva, duque de Albuquerque, y de la virreina Juana de la Cerda, por el Canal de la Viga o Paseo de la Viga con la iglesia de Ixtacalco realizado por Pedro Villegas en 1706

viernes, 24 de marzo de 2017

El espacio más antiguo de la Catedral

Una Sacristía es un cuarto en la iglesia o anexo a ella, donde se guardan las vestimentas, ornamentos y artículos similares, los vasos sagrados y otros tesoros, y donde se reúne el clero para vestirse para las diversas ceremonias eclesiásticas.

La sacristía no se bendice ni se consagra junto con la iglesia, y por lo tanto, no se considera como un lugar sagrado en el sentido canónico. Sin embargo, excepto en casos merecedores de penas, disfruta de las mismas prerrogativas que la iglesia.

Es el espacio más antiguo de la catedral metropolitana de la ciudad de México. En 1626, al ordenar el virrey Rodrigo Pacheco y Osorio,  la demolición del antiguo templo, es decir, el que mandó a construir Cortés, la Sacristía funcionó como el lugar donde se celebraban los oficios.

En el interior se pueden admirar enormes cuadros de los afamados pintores Cristóbal de Villalpando y Juan Correa. 

No se cuenta aún con la suficiente documentación para poder imaginarnos la decoración interior que presentaba en el siglo XVII sin embargo los muebles que hoy alberga son del último tercio del siglo XVIII: armarios y cajoneras en madera de bálsamo.


Juan de Viera en su libro Breve y compendiosa narración de la ciudad de México, comenta que en las cabeceras de la Sacristía había “dos mesas de caoba de China, negras como azabache, donde se ponen los cálices preparados para el sacrificio, siendo sus tableros de una pieza de dos varas de ancho y dos y medio de largo”. 

Y continúa señalando que la “caxonera” es de maderas “exquisitíssimas de palo de Saongolica y otros, con sus cerrajes dorados y repartidos a proporción, alacenas con puertas de la misma madera... y en la circunferencia... junto a los caxones distantes dos varas, sillas de brazos de la misma caoba”. Dichas cajoneras fueron alteradas en fecha reciente debido, al parecer, a problemas de funcionamiento.

Hoy en día es posible deleitar los sentidos e ingresar a ella por menos de $20.00 MXN. La experiencia es una delicia, hueles los aceites de las maderas, el polvo sobre las pinturas, la piedra fría de las nervaduras góticas del techo, puedes perderte en los rostros delicadamente pintados por artistas de fama infinita. 

Cuando vayan, cuéntenme qué tanto se enamoraron de este lugar. Aparte, por lo que he visto, casi nadie entra.

lunes, 20 de marzo de 2017

La primera mastectomía en América ocurrió en Nueva España

Quién se hubiera imaginado que el honor de ser una de las naciones líderes en medicina durante el siglo XVIII lo ostentaba la Nueva España, la prueba de esto nos llega a través de un hermoso exvoto.

Los exvotos son coloridos y artísticos testigos del agradecimiento de un devoto por haber recibido mercedes a través de la fe y la oración.

En Nueva España, así como en la mayor parte de la Cristiandad, los exvotos fueron una recurrida expresión artística que hoy en día nos permite vislumbrar la vida cotidiana en tiempos del virreinato puesto que a través de la talla de madera, del repujado en plata o, más comunmente, del óleo sobre tela o madera; los agradecidos habitantes de Nueva España solicitaban al artista que describiera lo más fielmente posible el accidente, problema o avería que sufrieron y del cual fueron socorridos.



Se sabe que el cáncer es una enfermedad que afecta a la humanidad desde tiempos inmemoriales, de hecho, de acuerdo a National Geographic el fósil humano más antiguo con rastros de cáncer tiene una edad de al menos 1.7 millones de años. No es de sorprender que semejante mal acosara también a la población novohispana.

Un claro ejemplo de esto lo podemos admirar en el que es considerado el primer caso de una Mastectomía en la América, y sí, ocurrió en México antes que en otra nación americana.

Era el viernes 25 de Abril del año 1777 en la ciudad de Aguascalientes y la paciente se llamaba Doña Josefa Peres Maldonado, originaria de Cuquío, Jalisco y ella se convertiría en la primer paciente de Mastectomía en el continente americano.

Hacía un mes que habían concluído las celebraciones de Pascuas y Semana Santa, y Doña Josefa; quien venía presentando los signos inequívocos de tumores de cancro en los pechos, sabía que tenía que someterse al procedimiento que el doctor recomendó como única vía de cura. El nombre del doctor era Pedro Maillé, quien fue asistido por los frailes del hospital de San Juan de Dios durante tan delicado procedimiento.

Hay que recordar que en esa época aún no se tenía certeza sobre la necesidad de la higiene al efectuar procedimientos médicos y la taza de mortalidad, incluso con los barberos; era muy alta debido a las infecciones y la incapacidad para combatirlas con antibióticos, sin embargo; Doña Josefa sobrevivió al procedimiento quirúrgico, pues para el 25 de Julio del mismo año "su llaga ya había sanado".

A pesar del éxito de la operación, Doña Josefa no llegaría a ver el año de 1778 pues, como lo indica el mismo exvoto, murió el 9 de Septiembre debido a "otros accidentes que le acaecieron" lo que nos aclara dos  cosas:

1.- Que el exvoto es una obra post-mortem pues en la misma pieza se indica la fecha de su muerte

2.- Que no murió por causas de la operación pues asegura su curación en Julio de ese año, es decir tres meses después de haberse realizado la mastectomía, aparte de que el mismo exvoto indica que murió debido "a otros accidentes que le acaecieron"

En lo que respecta a la pieza se sabe que formó parte de la colección de Diego Rivera y que hoy forma parte del Davis Museum and Cultural Center de Massachusetts, Estados Unidos.

Aquí la pieza:


El texto íntegro del exvoto dice así:

“Este monumento de gratitud ofrece Da. Josefa Peres Maldonado al SSmo. Christo de el Encino, Venerado en su Iga. de Triana. y ala SSma. Vírgen María de el Pueblo, para perpetua memoria del Beneficio, que reconoce a su piedad, en la operación, que se le hizo el día 29 de Abril de 1777 as. por el Cirujano Dn. Pedro Maillé; cortándole el pecho con seis tumores de Cancro, que tenía en el, en precencia de los Sres. y Sras. Que se manifiestan en el presente lienso. Habiendo cerrado perfectamente la llaga el día 25 de Julio de 1777 le sobrevinieron otros accidentes de los que murió el día 9 de 7ore. Biernes a las tres de la tarde con señales claras de el Patrocinio de esta Sagrada imagen y de su Salvación”.


La información sobre este exvoto y su historia fue dada a conocer en 2014 por el investigador Xavier A. López y de la Peña, miembro de la Asociación de Historia y Filosofía de la Medicina del estado de  Aguascalientes, en el texto “Primera mastectomía en América por cáncer de mama: Aguascalientes, México, 1777”, publicado en la Gaceta Médica de México (Vol. 150, No. 5, año 2014)

Fuente: https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/25275850

viernes, 17 de marzo de 2017

El abecedario de la Catedral de Texcoco

 Uno de los invaluables tesoros que resguarda el municipio de Texcoco de Mora en el Estado de México es sin duda su catedral, cabecera de la diócesis homónima.

En esta ocasión el tesoro del que les voy a hablar no sorprende por la finura de sus materiales o las dimensiones de su fábrica, sino por el incalculable valor que su uso tuvo para el devenir de la Nueva España, y posteriormente para nuestra nación.


Ya desde tiempos prehispánicos se hablaba de que Texcoco (Tetzcuco) era la capital cultural del Anáhuac, se decía que el náhuatl ahí hablado era de tal finura y fluidez que sonaba como agua cayendo por entre piedras. La nobleza mexica estimulaba a sus jóvenes para que aprendieran el arte de la poesía y el correcto hablar con profesores venidos de la entonces lejana Texcoco.




A la llegada de los españoles a nuestro territorio, Texcoco se convirtió  en la cuna de la educación en América; esto es tangible en las columnas de la fachada poniente a la catedral texcocana, en la Capilla de la Inmaculada Concepción, en la Capilla de los indios y por supuesto en la Primera Escuela del Nuevo Mundo.


En la entrada poniente de la Catedral de Texcoco, se hallan dos columnas que contienen una de las primeras herramientas de docencia halladas en el territorio de Nueva España. ¿Puedes adivinar qué es?

Si te fijas con atención verás que entre las guías y las hojas de piedra de las jambas de acceso a la catedral se ven letras, a primera vista podría parecer que es un texto bíblico en latín pero si te fijas con atención verás en una columna las letras B,C,D,E,F...  y en la otra columna verás Q,R,S,T,V,Y...

Se dice que fue el mismo Fray Pedro de Gante, fundador de varias escuelas, quien ordenó tallar esas columnas para familiarizar a los naturales con el alfabeto

Otro ejemplo de docencia franciscana temprana se admira en la llamada "Capilla de Indios", en la fachada pueden verse dos  ángeles, uno con una palma y otro con una azucena, se cree que ésta puede representar la pureza con la que debemos vivir y la palma representa a la Palma del Martirio, queriendo indicar que en esta vida no solo se tiene que gozar, ya que el hombre tiene sus contrariedades y que hay que seguir adelante.






La primera escuela del Nuevo Mundo, data del siglo XVI, ahí se impartía la enseñanza a los Texcocanos de la época de la conquista, enseñándole los valores y la forma indicada de comportamiento a través del lenguaje; ahora sólo está para ser contemplada por los visitantes, pero en realidad hay poco interés en las personas que vienen, ya que son pocos los que se preguntan qué pasó aquí.

Aquí te dejo las dos columnas giradas para que tú mismo puedas encontrar las letras y sentir la curiosidad que debió haber generado en los primeros alumnos de los frailes franciscanos el descubrir entre la ornamentación fitomórfica las letras con las que se escribían ordenanzas, misales, notas y demás.

¿Qué letras puedes alcanzar a reconocer?

¿Ha cambiado mucho el orden del alfabeto en comparación con el actual?

domingo, 12 de marzo de 2017

San Luis Obispo, Huexotla

Todo cambió mucho en México en pocos años durante el siglo XX y ahora es muy dificil imaginar cómo debió haber lucido este hermoso pueblo del Estado de México en tiempo virreinales.



Huexotla quiere decir en lengua náhuatl "lugar de sauces o Ahuejotes", en tiempos prehispánicos este pueblo era una de las ciudades más importantes del reino Acolhuaca, cuya capital era la cercana Texcoco. La riqueza de este pueblo y las constantes amenazas por parte de otras ciudades,como Chalco,  hicieron que sus habitantes se vieran en la necesidad de amurallar su ciudad.

Hoy en día Huexotla es el único ejemplo sobreviviente, al menos en el Valle de México; donde sobrevive una muralla tan extensa y tan bien conservada de tiempos prehispánicos, un detalle que enriquece mi visita a este hermoso lugar.



Luego de haber sido rendidas por el fuego y las armas las ciudades del Anáhuac en 1521, los franciscanos ordenaron destruir el templo de Huexotla y en las bases de su templo principal fundaron el templo de San Luis Obispo en el siglo XVI.

El templo como lo conocemos hoy en día, como en muchísimos de los templos virreinales, es obra de un remozamiento hecho en el siglo XVIII, concretamente en 1721, fecha que ostenta el templo en su fachada.

Su fachada es armoniosa y llama mucho la atención el detalle de la argamasa que la decora, se crearon columnas estípites adosadas con estuco para decorar los cuatro nichos desde donde los cuatro Evangelistas de bulto admiraban antiguamente el lago de Texcoco.



Cuando se entra al templo, lo primero que llama la atención es el retablo de madera dorada en el testero, al fondo de la bóveda de cañón. Intuyo que la estructura del templo no fue ampliamente modificada durante el remozamiento del siglo XVIII puesto que se aprecian las formas y proporciones de los templos del siglo precedente, sin embargo el retablo es a todas luces un obsequio del barroco dieciochesco novohispano dignísimo de admirar. Durante mi visita, dado que ha comenzado el tiempo de Cuaresma, el altar se encontraba cubierto con telas púrpura, como lo dicta la religión, cosa que no me permitió admirar el retablo en todo su esplendor, sin embargo no quedé decepcionado de lo que ví.




El atrio tiene dos niveles, probablemente producto de haber construído el templo en la cima derruída del antiguo templo acolhuaca, y como lo dicta la tradición franciscana en las fundaciones novohispanas, se sembraron varios olivares que afortunadamente hoy en día siguen vivos, mudos ejemplos del deterioro, de las guerras, del abandono y de los cambios que nuestro país ha sufrido.


 

a la derecha se ve un olivo original de tiempos de la fundación franciscana.

 El pueblo es pequeño, luego de conocer su templo, sus murallas prehispánicas y su puente se puede visitar también la zona arqueológica que queda muy cerca o ir a la cercana Texcoco para comer algo en su tradicional mercado.

Este puente es un hermoso ejemplo de arquitectura del siglo XVI, sin embargo la indolencia de las autoridades propiciaron una muy malograda restauración.

San Luis Huexotla, en el Estado de México, aunque es un pueblo muy pequeño, guarda y conserva piezas históricas de sin igual hermosura.



La Capilla de la Tercera Orden franciscana de Texcoco


Habitualmente ignoradas por la gran mayoría de los capitalinos, en el municipio mexiquense de Texoco se encuentra una variedad de ejemplos artísticos virreinales irremplazables y hermosísimos.



El municipio de Texoco contiene ejemplos de la historia de nuestra nación que datan de tiempos antiquísimos: los jardines de Nezahualcóyotl, monasterios del siglo XVI, de los primeros en ser fundados en Nueva España, costumbres y tradiciones centenarias que se denotan en la amabilidad de sus habitantes y en su rica gastronomía y muchísimas cosas más. la diócesis de Texcoco, de cuya historia nos encargaremos posteriormente. Hoy nos ocuparemos de su capilla más hermosa: La capilla de la Tercera Orden.

La Tercera Orden  fue fundada por el mismísimo San Francisco, alrededor de 1221 y está conformada por personas devotas de ambos sexos, que viven en el mundo ( es decir, que no viven recluídos en un convento o monasterio) y que siguen una regla de vida aprobada por el Vaticano.

Se sabe que el inicio de la reconstrucción de la capilla data de 1725, aunque no hay mención alguna de su terminación.

La fachada principal consta de dos cuerpos y un remate semicircular. El primer cuerpo conserva el arco lobulado de la portada del siglo XVI, decorado con flores de lis labradas en la piedra, en la clave se encuentra la efigie de un obispo, quizá San Luis de Tolosa, miembro de la Tercera Orden Franciscan 

Fachada principal de la capilla

 Al entrar a la capilla inmediatamente se admira el retablo mayor dedicado a la Virgen de Guadalupe, una obra maravillosa de madera dorada que data de mediados del siglo XVIII, aunque pienso originalmente no era la Guadalupana la que ocupaba el nicho principal del retablo


Se admira a ambos lados de la bóveda de cañón la ausencia de retablos laterales, quizás nunca los hubo o quizás fueron sustraídos en cualquiera de todas las guerras que sufrió nuestro país en el siglo XIX y en la Guerra Cristera; en su lugar se admiran pinturas murales hermosísimas que facilmente nos permiten apreciar con facilidad la habilidad del pintor que probablemente era un indígena bajo las órdenes de un monje franciscano.

Las hermosas pinturas murales, frutas acomodadas como que fueran cortinajes de seda brocada.


Afortunadamente, en Septiembre de 2003 esta capilla junto con varias más de la diócesis de Texoco entraron  en un proceso de restauración para consolidarlas y preservarlas del deterioro.

La catedral de Texcoco y su capilla de la Tercera Orden, un destino ineludible en su viaje al Estado de México.

miércoles, 1 de marzo de 2017

El Balcón de la Virreina


Durante 51 años un balcón de madera de amplias proporciones decoró la fachada principal del Palacio Virreinal, curiosamente este recurso arquitectónico era bastante popular en el sureño Virreinato del Perú y en México ese era un caso excepcional. 

Lamentablemente este balcón vio su último día durante el Motín del Hambre de 1692 pues fue el objeto del odio de los indígenas reunidos en la plaza y a pedradas lo destruyeron.



Detalle del Biombo de la Conquista, una pieza anónima del siglo XVII donde se aprecia el balcón casia la altura de la catedral.

Fue construido en 1641 por orden del virrey don Diego López, quien llegara a la Nueva España en compañía del célebre Obispo de Puebla Juan de Palafox y Mendoza. Era el saliente del salón donde se reunían las damas y caballeros de la corte virreinal y asomaba a la Plaza Mayor. 

De estilo morisco, era un balcón cerrado de estructura volada, con tejas hechas de lámina de plomo y con celosías. 


Detalle del Biombo de Diego Correa donde se aprecian la catedral a la izquierda, el palacio real al centro y el balcón


Este singular espacio arquitectónico fue instalado al costado este de la fachada, muy cerca de la campana y reloj centrales. Era uno de esos balcones moriscos llamados “de cajón”, parecido a los construidos en la ciudad de Lima, Perú, en los siglos XVI y XVII.


Ejemplo de balcón de madera en la ciudad de Lima 
Como aquéllos, éste era de estructura cerrada y con celosías, a modo de alcoba volada con tejas hechas de láminas de plomo, lo que en arquitectura mudéjar se llama zaquizamí y plomada. Tallado en madera, el balcón se  apoyaba sobre un piso adornado con tres escudos y volutas vegetales. Al conjunto lo completaba una balaustrada formada con figuras de niños atlantes esculpidos en madera dorada o en bronce y continuada por un conjunto de cariátides del mismo material en la parte alta. Según una descripción hecha por Isidro de Sariñana en 1666, el balcón tenía aproximadamente una longitud de doce varas (9.96 m) y una altura de casi dos (1.66 m). Las medidas sugieren cierta desproporción, pero no dejan duda de su gran tamaño.




No es difícil imaginar que a través de las celosías de madera del balcón de zaquizamí, la virreina y sus damas se asomaban a la Plaza Mayor para ver, sin ser vistas.

Es probable que la misma Juana de Asbaje, quien era dama de corte de la virreina doña Leonor Carreto, marquesa de Mancera, contemplara desde allí el pasar de los días antes de tomar el hábito con el nombre de Juana Inés de la Cruz. 



En 1692 un motín de indígenas provocado por la escasez  de granos hizo arder el edificio. Ocurrió por la tarde del domingo 8 de junio de 1692, cuando cerca de 10 mil personas se rebelaron provocando la destrucción e incendio parcial de edificios como el palacio virreinal y el del ayuntamiento, de los comercios establecidos, saqueos de tiendas, y la posterior ejecución de presuntos culpables.

 El escritor y científico Carlos de Sigüenza y Góngora fue testigo de los hechos y recuerda:

Comenzó uno [un indio] con grandes voces a decir contra el Señor Virrey las más atrevidas desvergüenzas y execraciones que jamás se oyeron y sacando una piedra del seno la tiró al balcón grande del Palacio. Como los compañeros no aguardaban otra cosa sino ésta para romper el candado, alzando el grito con desvergüenzas mayores y desembrazando piedras contra aquel balcón perteneciente al cuarto de la Señora Virreina, en brevísimo rato lo destrozaron […].

Fuente: http://www.historia.palacionacional.info/visita-informativa/virreinato-principios/espacios/61-el-balcon-de-la-virreina.html