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lunes, 8 de mayo de 2017

El convento más hermoso del Cusco, Perú



Por Juan Pablo El Sous Zavala 
Arquitecto egresado de la 
Universidad Nacional de Ingeniería, Lima 
Investigador de la arquitectura virreinal peruana


Entre todas las edificaciones monumentales del Cusco colonial, destaca por su belleza el hermoso claustro principal del convento de La Merced.  Este establecimiento monástico fue fundado hacia 1537, pero los edificios construidos a lo largo de los siglos XVI y XVII quedaron destruidos como consecuencia del gran terremoto de 1650. 




El claustro principal que hoy existe, considerado como una de las obras maestras del barroco peruano, es producto de las obras de reconstrucción posteriores al terremoto. Se atribuye su diseño al ilustre arquitecto y ensamblador Diego Martínez de Oviedo , autor, entre otras cosas, de la magnífica fachada de la iglesia de la Compañía de Jesús (1664), así como de los retablos mayores de la iglesias de Santa Teresa (1674) y San Sebastián (1679). 

Fue este maestro quien construyó el claustro mercedario entre 1660 y 1670, y desde su culminación fue considerado como una obra extraordinaria  al punto que fue elogiado por el mismísimo Virrey del Perú Don Pedro Antonio Fernández de Castro, Conde de Lemos, quien lo visitó en 1669, indicando el cronista Francisco Miranda Valcárcel y Peralta que "viendo la arquitectura y suntuosa fábrica de aquella maravillosa casa, dixo podía servir de palacio al rey, nuestro señor, más poderosa soberana reyna para su culto y albergue de sus hijos" .




El claustro tiene planta cuadrada, con dos niveles de seis arcos en cada uno de sus cuatro lados. La arquería está trabajada íntegramente en piedra, y su composición consta de hermosas columnas de orden corintio apoyadas sobre arcos adornados con un robusto almohadillado rústico, lo cual genera un interesante contraste entre la delicadeza de los soportes y la fortaleza del fondo. Las columnas guardan semejanza con las empleadas en los retablos contemporáneos, como los mencionados retablos mayores en las iglesias de la Compañía, San Sebastián y Santa Teresa. Se trata de columnas corintias de fuste estriado adornado con un imbricado de escamas, y con el tercio inferior separado del resto por un anillo; mientras que las columnas del cuerpo bajo tienen el tercio inferior adornado con un patrón imbricado, las del cuerpo alto tienen un patrón helicoidal. Las columnas sostienen un robusto entablamento, cuya principal característica son los gruesos canes debajo de la cornisa. En el segundo nivel del claustro, una peculiar nota barroca la constituyen los pares de columnas de menor tamaño que acompañan a las principales, sosteniendo el arco de medio punto del fondo.

El claustro está rodeado por corredores en sus cuatro lados, los cuales están cubiertos con lujosos alfarjes de madera tallada. La única excepción es el corredor situado al costado de la iglesia, el cual tiene bóvedas vaídas molduradas. En uno de estos corredores hay  una curiosa portadita barroca  que aloja entre los brazos de su cornisa abierta una ménsula que sostiene una pilastra, la cual constituye el soporte de uno de los canes tallados del techo de madera.  En la parte alta de los muros se encuentra una serie de lienzos que representan la  vida de San Pedro Nolasco (1763), fundador de la orden Mercedaria, obra del  pintor cusqueño  Ignacio Chacón.



Concluyo esta pequeña reseña con una cita del historiador de arte estadounidense Harold Wethey (1949):

"La arquitectura colonial hispánica no conoce nada más hermoso que el claustro de la Merced. El magnífico manejo del espacio abierto, la ligereza y gracia combinadas con la recia virilidad de la masa, la belleza del color, la extraordinaria riqueza y originalidad en el tratamiento de las texturas, el gusto infalible en su escala y proporciones, todo esto y más hacen del claustro mercedario único" .

miércoles, 3 de mayo de 2017

Una de las joyas virreinales de Bogotá

El retablo mayor de la antigua iglesia de Santa Clara hoy Museo de Santa Clara.

La antigua iglesia de las monjas clarisas es una de las iglesias barrocas más hermosas y mejor conservadas de Bogotá. La iglesia fue inaugurada en 1647, por lo que el retablo mayor data de esa misma época. 


Funcionó como templo abierto al culto hasta los años 70 cuando fue comprada por el Estado colombiano, quien la sometió a un intenso trabajo de restauración durante 10 años y en 1986 la abrió al público como Museo. Sin embargo, el interior se conserva igual que cuando era un templo religioso. 


Durante la desamortización del siglo XIX ambos conventos fueron exclaustrados y transformados en oficinas del Estado. En el siglo XX ambos edificios fueron demolidos y en el lugar del convento franciscano se construyó la Gobernación de Cundinamarca y en el lugar del convento clariano se construyó la Escuela de Bellas Artes, hoy parte del Ministerio de Cultura. 

lunes, 20 de marzo de 2017

Un bosque de negro de humo


Hace casi quinientos años un grupo de indígenas dirigidos por frailes agustinos, lograron, apenas veinte años después de caída la capital azteca; captar la belleza de la naturaleza novohispana con sus pinceles.

Llegar Malinalco no representa ningún problema, incluso si no tienes auto propio ya que en la Central de Autobuses de Observatorio salen cada hora camiones rumbo a Tenancingo y de ahí tomas un taxi colectivo que en 20 minutos te deja en el centro del pueblo.

Lo primero que llama la atención de los sentidos al llegar al pueblo es la abundante vegetación y el sabroso calor que hace a  uno olvidar la ciudad. Se antoja una nieve pero al caminar por la calle principal y ver la abundancia de puestos de comida, frutas y artesanías, uno se distrae fácilmente.

Éste pueblo tiene una historia sumamente atractiva que data de tiempos previos al imperio azteca, pero esa historia y su relación con el Peñón de los Baños, en la delegación Venustiano Carranza, la contaré en otro artículo.

Malinalco resulta atractivo para Patrimonio Virreinal Mexicano por incontables razones, pero entre las principales se encuentran: 1) la zona arqueológica con construcciones precolombinas de suma importancia ritual y estratégica para los aztecas y 2) los murales del claustro bajo del Convento de la Transfiguración.

En esta ocasión nos enfocaremos únicamente en lo segundo, es decir, los murales.

Mariposas libando el néctar de una flor


El susodicho templo se encuentra justo en el centro del pueblo por lo que ingresar no representa ningún problema.

El Convento fue fundado en 1540 por frailes agustinos, en él, trabajaron indígenas para su construcción apoyados siempre por el sustento económico del encomendero Cristóbal Rodríguez de Ávalos. La planta baja del edificio conventual y la iglesia fueron construidos al mismo tiempo, concluyéndolos en 1560, en cuanto al claustro alto se piensa que fue añadido alrededor de 1580

Los frescos del convento se encuentran en las cuatro paredes y en la bóveda del claustro inferior, en donde podemos observar un diseño compuesto por diversas plantas entrelazadas y fauna silvestre, también se observan pintados en el mismo, follaje, 3 medallones con los símbolos de Jesucristo, María Reina del Cielo y el emblema Agustino, colocados en las cuatro paredes identificando la identidad cristiana.
Impresionantes diseños logrados por manos indígenas

En dichos frescos ha sido posible identificar de la forma más precisa posible la flora y la fauna indígena de la época, veintitrés especimenes nativos, los cuales actualmente crecen dentro de la zona ecológica de Malinalco.

Las plantas nativas representadas, no fueron escogidas al azar ni seleccionadas por decorativas; sólo aquellas plantas que habían tenido importancia cultural dentro de la sociedad se incluyeron; por ejemplo el huacalxochitl, que se usaba medicinalmente para combatir infecciones, pero el mismo tiempo era considerado importante en las ceremonias aztecas, ya que se usaba para engalanar a los héroes militares al mismo tiempo al tlatoani.

La abundancia del conjunto da la impresión de fertilidad y paz.
Las flores olorosas eran muy valoradas por los aztecas, se consideraban un lujo y eran, por eso, uno de los privilegios de las clases dirigentes; el valor del huacalxochitl se relacionaba también con el simbolismo sexual, su poder asociado con la fertilidad continuó siendo reconocido en el periodo colonial por los cazadores, quienes colocaban la flor en sus sombreros para asegurar una cacería abundante.

Algunas de éstas plantas curativas son todavía motivo de investigación como la yolloxochitl, “flor de corazón” ó “ huevito”, está planta aparece dos veces en los frescos del claustro en la pared que da al sur y al oeste, es usada para pasarla y sobarla sobre el cuerpo durante una curación, al igual que los huevos de gallina; la flor molida o bebida en infusión se dice, pude curar enfermedades del corazón y se considera también efectiva contra la infertilidad.


Al penetrar al claustro de Malinalco se tiene la impresión de estar en los “jardines del paraíso”; cabe señalar que hay paralelismos estilísticos entre varios de los detalles de las pinturas de Malinalco y algunos de los recuadros del códice florentino de Sahagún, como ejemplo la figura de la garza con el pescado en las garras localizada en el muro oriente del claustro.

Relacionar los frescos de Malinalco con el Códice Florentino de Sahagún; es encontrar la presencia de varios animales tanto en uno como en otro, tales como conejos, loros, lagartos, el tlacuache y el mono subiendo a un árbol muestra la correspondencia remarcable de los detalles.